Cómo se mediatiza la pobreza y la marginalidad

Cómo se mediatiza la pobreza y la marginalidad

El cineasta y escritor César González acaba de publicar el libro El fetichismo de la marginalidad (editorial Sudestada) en el que explora, a través de lo que muestran pantallas de cine y TV, el imaginario colectivo sobre la pobreza y la obsesión con los barrios populares.

“El eje del libro es tratar de indagar qué es lo que sucede en el imaginario de la sociedad en su conjunto que tiene como una obsesión con explorar ciertos territorios -en este caso los barrios populares o las villas- para satisfacer justamente lo que dice el prólogo: proyecciones, fantasías, mitologías muy precarias pero mitologías al fin”, contó González, en una entrevista con el noticiero de Televisión Pública

González, de 32 años, cuestionó esa mediatización porque busca que “la pobreza se tiene que mantener en ese lugar de otredad, de algo desconocido y también como suministro para cuestiones que tienen que ver con el arte, lo artístico en su faceta cinematográfica televisiva y la literatura”.

El joven sabe de lo que habla: vecino de la villa Carlos Gardel -ubicada en el oeste del Gran Buenos Aires-, nació y se crió allí hasta que , González estuvo preso y los libros que le acercaron en la cárcel lo transformaron. “De chico me acostumbré a encontrarme con cámaras de algún programa, alguna serie, alguna película; que siempre están desembarcando. Viene y filman lo que esas personas consideran que tienen que filmar sin casi indagar, investigar ni relacionarse con la humanidad y complejidad que tienen quienes viven en los barrios populares”, cuestionó.

En el libro, González escribe así: “Marx nos enseñó también que el capitalismo es una máquina de apropiarse de todo aquello que lo pone en tela de juicio. La apropiación no es inocente, persigue la valorización. Así, el capital hizo del delito, de la representación y la lucha contra el delito, otra mercancía. No solo es la mejor fuente de trabajo para los sectores populares, la oportunidad de convertirse en policías y adquirir una identidad, un sueldo estable, una obra social pero también una cuota de autoridad; sino también para los sectores medios, una manera de convertirse en abogados, jueces, profesores universitarios, cronistas, actores, directores de cine y televisión. El delito en general, y sobre todo el delito callejero y predatorio en particular, el delito protagonizado por los más pobres y el miedo que inspira estas transgresiones, garpa, mueve los mercados. Hay gente que vive de la pobreza y la desigualdad. No hay justicia sin pobreza, no hay policías y toda la parafernalia que rodea a la seguridad privada sin desigualdad social, pero tampoco literatura, periodismo y cine. Gran parte de la industria cultural encuentra en el mundo de la pobreza una fuente de inspiración y rédito. La pobreza seduce y, en última instancia, suele ser la mejor escenografía para que otros actores proyecten los fantasmas que los asedian cotidianamente”.

“César González hizo del cine una manera de experimentar qué puede un cuerpo. Después de tantas películas y cortometrajes, tantas charlas y programas de radio, y, sobre todo, tanta poesía, llegó el momento de hacer un balance. En El fetichismo de la marginalidad el autor se detiene y hace un inventario. Sabemos que las cosas tienen sus historias y contingencias, pero también siguen rumbos donde juega el azar”, escribe Esteban Rodríguez Alzueta en el prólogo del libro.